Cuando el camino fue difícil, Dios nunca nos soltó
Por Samuel Milán: Cerrar un año siempre invita a mirar hacia atrás. No para quedarnos en lo que dolió, sino para reconocer lo que Dios hizo aun en medio de las pruebas. Este año estuvo marcado por desafíos reales, obstáculos inesperados y momentos en los que avanzar parecía más difícil que detenerse. Hubo luchas silenciosas, decisiones complejas, cansancio acumulado y situaciones que nos obligaron a replantear planes, tiempos y expectativas.
No fue un año cómodo. Fue un año que exigió fe. Hubo puertas que no se abrieron cuando las esperábamos, respuestas que tardaron en llegar y procesos que parecían extenderse más de lo necesario. En más de una ocasión, la incertidumbre quiso instalarse como compañera permanente. Pero aun allí, Dios estuvo presente, firme y constante, como un Padre que no abandona a Sus hijos cuando el terreno se vuelve escarpado.
- Cada dificultad trajo una enseñanza.
- Cada tropiezo nos recordó que no caminamos solos.
- Cuando las fuerzas flaquearon, Su gracia sostuvo.
- Cuando la claridad faltó, Su dirección fue suficiente para dar el siguiente paso.
Dios no siempre quitó los obstáculos, pero nos dio la fortaleza para atravesarlos. No siempre cambió las circunstancias, pero transformó nuestro interior.
Al mirar el año en retrospectiva, entendemos que avanzar no siempre significa crecer en velocidad, sino en carácter, fe y dependencia de Dios. Muchas de las batallas que enfrentamos no se vieron desde afuera, pero fueron decisivas por dentro. Y en cada una de ellas, Dios obró con paciencia, con propósito y con amor.

Hoy cerramos este 2025 con gratitud. No porque todo haya sido fácil, sino porque Dios fue bueno en todo momento. Seguimos de pie. Seguimos caminando. Seguimos creyendo. Y eso es evidencia clara de Su fidelidad. Lo que no entendimos en su momento, hoy lo vemos como parte de un proceso mayor, guiado por la mano sabia de nuestro Padre celestial.
Que este cierre de año no sea solo un balance de logros y dificultades, sino un acto de reconocimiento: Dios fue fiel. En los días buenos y en los días difíciles. En lo visible y en lo oculto. Y si Él nos sostuvo hasta aquí, podemos confiar plenamente en que seguirá guiando cada paso que venga.
Porque cuando Dios está en el centro, incluso los años más duros se convierten en testimonios vivos de Su gracia, Su cuidado y Su amor eterno.
