Canadá bate un récord alarmante en muertes por eutanasia en 2024
Preocupación internacional por el crecimiento del programa MAID y su impacto en los más vulnerables
Por METANOIA Noticias | Un récord que enciende alertas: 1 de cada 20 muertes es por eutanasia
Canadá se acerca al décimo aniversario de la legalización del suicidio asistido con una cifra que genera inquietud global.
El sexto informe anual de Asistencia Médica para Morir (MAID), publicado por Salud Canadá, confirma que 16.499 personas murieron por eutanasia en 2024, representando aproximadamente el 5% de todas las muertes del país.
Pese a que el informe asegura que las cifras “comienzan a estabilizarse”, el aumento interanual del 6,9% entre 2023 y 2024 y la magnitud total del programa despiertan serias dudas éticas y sociales.
El discurso oficial: autonomía y libertad… con un tono inquietante
La ministra de Salud, Marjorie Michel, presentó el informe en clave positiva, celebrando que el programa garantiza “protección a los vulnerables” y respalda “la autonomía personal”.
Sin embargo, los datos duros cuentan otra historia.
Datos que revelan un problema mucho más profundo
1. Personas sin enfermedad terminal también son aprobadas
El informe señala que 4% de los aprobados para la eutanasia no tenían diagnóstico terminal, ni una muerte razonablemente previsible.
2. Causas que exponen fragilidad emocional y social
- 23% declaró solicitar la eutanasia por aislamiento o soledad.
- Alrededor de 50% lo hizo por sentirse “una carga” para sus familias o cuidadores.
3. Solicitudes rechazadas que dejan más preguntas
Casi 1 de cada 5 solicitantes padecía condiciones graves pero tratables —como diabetes, dolor crónico o enfermedades autoinmunes— y aun así optaron por pedir la muerte.
Activistas como Amanda Achtman señalan que, mientras el Gobierno habla de “estabilización”, lo que se observa es “una crisis cultural de significado y cuidado”.
Una de cada veinte muertes en Canadá es por eutanasia. El debate ya no es técnico: es moral, humano y urgente.
Expansiones en el horizonte: hacia enfermos mentales y menores
Para 2027, Canadá planea ampliar la elegibilidad de MAID a personas cuya condición subyacente sea una enfermedad mental.
Asimismo, un comité conjunto del Parlamento ha recomendado extender el acceso a “menores maduros”, una medida que genera pánico en organizaciones de bioética y derechos humanos.
Entidades como el Life Institute y especialistas en discapacidad han denunciado casos en los que pacientes reportan presiones directas para elegir la eutanasia.
Entre ellos:
- Roger Foley, paciente con discapacidad neurológica, denunció que personal hospitalario le sugirió la eutanasia como “salida”.
- La actriz Lisa Carr aseguró que la comunidad con discapacidad se siente “amenazada y asustada” por el avance del programa.
- Organismos advierten que muchas muertes no previsibles corresponden justamente a personas con discapacidad, enviando un mensaje devastador: “tu vida vale menos”.
¿Dónde queda la dignidad humana? Un dilema moral que no se puede ignorar
Mientras algunos sectores políticos celebran la expansión de MAID, voces críticas dentro y fuera de Canadá insisten en la necesidad de una revisión internacional de derechos humanos.
El temor es claro: que el sistema esté fallando a quienes más necesitan acompañamiento, cuidado, apoyo económico y contención emocional.
Sandra Parda, del Instituto Vida, lo resume así:
“Vender la muerte como solución al sufrimiento es profundamente inquietante. Cada vida humana merece respeto y valor.”
Cierre editorial: Cuando la vida pierde valor, la sociedad pierde su alma
Una perspectiva cristiana frente al avance de la eutanasia
Los números del informe canadiense no solo son estadísticos: son un espejo de una cultura que, cada vez más, confunde autonomía con abandono, y libertad con desesperación.
Como cristianos, creemos que cada vida es sagrada, creada a imagen de Dios (Génesis 1:27).
El sufrimiento, aunque real y doloroso, nunca disminuye el valor de una persona. Y la respuesta nunca puede ser eliminar al que sufre, sino acompañarlo, cuidarlo y amarlo.
Jesús nos enseñó a ver al enfermo, al vulnerable y al quebrantado no como una carga, sino como destinatarios privilegiados de compasión.
Cuando una sociedad ofrece la muerte en lugar del cuidado, pierde el rumbo moral que sostiene su humanidad.
Este debate no es político: es espiritual.
Y hoy, más que nunca, debemos ser voz profética, recordando que la dignidad humana no se negocia y que la esperanza no se extingue, incluso en medio del dolor.
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